La victoria: Por Fe

Todos los días nos cubrimos el cuerpo cada cual con lo puede o tiene, cada quien con lo quiere, así mismo pasa con el alma, podemos engalanarla o disfrazarla expresando felicidad o tapando una dolencia. Por eso, nunca imagine que aquella mujer vestida de elegancia contará en su vida con tanta tristeza encubierta.

Se había dispuesto desde muy joven a portar el traje de “mujer de casa”, y con ello todos los accesorios que incluía el marido, la casa, la familia, los quereres, los deberes, los quehaceres y todo lo que a veces termina con lo que eres. A los 22 ella ya tenía dos. Dos hijos, no dos maridos pues con tanto machismo aún no están permitidos.

Éste si fue el caso, pues el atuendo que eligió por marido fue un hombre apetecible a la vista imposible para el amor, era un tipo pasado de moda, inmaduro, egoísta, mal cocido, mal formado y defectuoso. Con tanta juventud y con tan pocas gracias el festín matrimonial empezó a colapsar.

Victoria, nuestra protagonista a pesar del chasco esposal, era una mujer como dicen ahora “exitosa y “chingona” y con esta etiqueta disfrutaba los detalles que implica: reconocimiento, dinero, seguridad, tranquilidad y quizás un toque de soberbia. Con todo eso Victoria se olvidó de sí misma, se olvidó de Dios.

Una mañana el patrón se descoció, después de ver a su futuro exmarido para afinar detalles de la esperada y definitiva separación, él se fue para siempre, el destino lo asesinó.

Después de la desdicha , la pasarela de vida debe continuar, nuestra mujer tenía ya hijos adolescentes que según la usanza es cuando más uno los debe cuidar. Y así fue.

Entonces cuando con nuevo querer intentó su vida colorear, una vez más el amor la vino a desilusionar, pues los hombres mal portados siempre, siempre lucen mal; envuelto de alevosía, descaro y desvergüenza quiso de Victoria su dinero aprovechar.

Pero algo bueno siempre deja un desdichado y que más que un tercer retoño que los días de Victoria un nuevo hijo hizo alegrar.

Los buenos siempre vencen y Victoria ganando retomó su vida, reactivó los negocios, conducía a los hijos que crecían, estudiaban, viajaban y gastaban de más , pero que más daba si para eso mamá ganaba, ganaba sin parar.

No ganó lo suficiente pues a su primer hijo de un secuestro no pudo salvar, su hijo había muerto y sí había estado fuera de la presencia de Dios ahora lo detestaba. Victoria perdía batallas, lucia sin gusto y opaca todas las cosas se caían a sus pies; se había ido la familia, los negocios, la esperanza.

En este escenario cinco años después del atraco que le quito a su primogénito, su segundo hijo también fue embargado, también lo habían secuestrado.

Victoria se rindió, la mujer que creía tener todo que enfrentaba a Dios con enojo ahora simplemente se derrumbaba ante él, suplicaba y rogaba por la vida de su hijo, en ese momento se maravilló y transformo pues sintió la mano de poder de su creador cuando el cielo a su hijo le concedió.

Quisiera contar que la historia termina con una victoria definitiva para Victoria, pero la vida no es así, ahora atiende el vuelo de sus hijos, sigue llorando y suplicando, trabajando y ganado, creciendo y valorando cada lucha interminable, cada momento vestido de gala o de harapos cada perdida y como dice Victoria cada ganancia “la victoria fue mía por Fe”.




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