LA PRUEBA DE LOS MIL.POR: UNA POBRE MUJER NECESITADA

No vaya usted a pensar que soy pretenciosa, lo que pasa es que uno va aprendiendo a desfogar sus necesidades féminas de mejores maneras. Y no me refiero a ejercicios físicos o actos de los que se dicen sucios, me refiero a la intención de pretender un varón con suficiencia presupuestal.

Cierto es que los hombres siempre gustan de sobresaliente mujer, pero también es conocido que la sobresaliencia amerita un esfuerzo extraordinario que en tiempos actuales parece haberse olvidado.

Cuento esta historia para ilustrar un vivo ejemplo de ello.

Entre los calores de las labores resulta que uno siempre se alborota, máxime si el un masculino en cuestión demuestra abiertamente sus ganas de apareamiento. Con semejantes miradas, en el trabajo se dieron cuenta de nuestras malignas aspiraciones a un fructífero encuentro.

Una buena amiga testigo de los lanza fuego y el estrés sexual ocasionado por nuestros coqueteos, me dijo con sosiego:

-A el señor que te observa se le notan bastante sus ganas de amoríos contigo. ¿Por qué no le pasas chance? -.

La escuchaba mientras el 7to mandamiento se encrespaba en mi cabeza. ¡No cometerás actos impuros, no cometerás actos impuros!

- ¿Cómo crees? No nos conocemos – le contesté mojigatamente.

- Por eso, conócelo. Insistió.

-Además es casado- Le repliqué como si me importara el noveno y misógino designio.

-Ponle la prueba de los $1,000.00 – continuó y me fue interesando el asunto.

-En esta vida hay que ser impersonal si el hombre quiere y tú quieres, vamos bien, pero para querer también hay que tener, y si queremos ir teniendo…- pausó respirando hondo con aires de gran experiencia.

-Sigue en amistad – Prosiguió con el consejo.

- Luego, pídele $1000.00 prestados para la renta, la comida, el gas o invéntate un hijo enfermo.

-Si te los presta, apetece de tus cariños, si te los cobra desconoce el alto grado del valor de la solidaridad pecuniaria generada en las relaciones más íntimas de los seres humanos. – Finalizó.

Así mismito lo hice.

Fomenté la amistad, realicé la prueba de los 1000, los cedió e inmediatamente después y con gran insistencia los recaudó.

El mirón osaba de disfrutar caricias sin despojarse del billete necesario que conlleva el placer extramarital y pecaminoso.

La prueba de los 1,000.00 resultó muy efectiva para desentrañar la más negras e infundadas intenciones de caballeros que gustan disponer sin dispensar.




11 vistas0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo