El tiempo . Por una encantada

Conocí a Cuquita por azares del destino , estos azares fueron bastante benévolos cuando los subsecuentes del presente nos enseñan harto del pasado para enfrentar el futuro.

Dijo al abrazarme - “Muero de tristeza” - y recordé cuantas veces yo había muerto igual y seguí caminando por la vida , hasta ese día que Cuquita me apretaba el alma .

Su desolada casa expresaba la frialdad que se siente a la costumbre de estar sola y no querer estarlo .

En sus ojos se enjuagaban los ganas de haberlo conocido y el deseo de mejor no haberlo encontrado .

Su historia desnudaba la magnifica experiencia que después de la vida , el matrimonio, los hijos , los nietos , la lucha , el abandono , la soltería , la viudez y algun que otro resentimiento después de todo o después de nada encontró el “amor”.

Se unió al hombre que con detalles cariñosos le mostró que eso de enamorarse era cierto , existía solamente para ella y hacerla feliz.

-“Si yo hubiera sabido que maravilloso es esto , desde hace muchos años , lo habría buscado” .

Pero el amor se fue y Cuquita no sabía sí reclamarle al tiempo por no haberlo conocido antes , sí exigirle y decirle que merecía más días con el amor a su lado o agradecerle los minutos de felicidad qué había ganado .

Unos años , uno solo hubiera bastado para no odiar al tiempo .

La única pandemia irremediablemente incontrolable es el amor y Cuquita la había padecido junto con otra que llegó a instalarse llevándose injustamente los sueños de esta mujer que renació en el atardecer del tiempo.




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